Izquierda Unida Extremadura

Opinión temas de actualidad Tercer plenario del PCCh

La economía china se reforma

Por Miguel Manzanera Salavert, coordinador de Áreas y responsable del Área programática de Izquierda Unida Extremadura

29 noviembre 2013 |


El Tercer Plenario del Comité Central del PCCh se celebró entre los días 9 y 12 de noviembre. Las decisiones tomadas son importantes, porque apuntan a una remodelación del modelo económico, político y social, lo que debe permitir mantener el crecimiento experimentado por la sociedad china en las últimas décadas.[1]La transcendencia del proyecto político chino es que constituye un Estado nacional que claramente se orienta hacia el socialismo en la coyuntura actual, y gracias a ello –hay quien dirá ‘a pesar de ello’- se presenta como la próxima potencia hegemónica en el siglo XXI.

Intentaré justificar estas afirmaciones. La declaración nominal, en la Constitución y el aparato legal, de que el Estado se orienta hacia el socialismo, no es una garantía de que la evolución real se corresponda con esos buenos deseos. El caso de la URSS es suficientemente elocuente al respecto. Allí el marxismo sirvió para la construcción de una sociedad de clases, con una burocracia dominante que acabó transformándose en burguesía capitalista. La palabra ideología significa precisamente esa falsificación de la realidad a través de un discurso preñado de valores humanos. Pero desde el punto de vista científico, el PCCh tiene la ventaja de no haber nunca denominado a su sociedad con el título de socialista, ni mucho menos de comunista como llegó a hacer Breznev en un ataque de locura ideológica. La República Popular China siempre se ha definido como un capitalismo de estado en vías de construir el socialismo.

La cuestión no es, por tanto, si China es socialista o no; sino esta otra: si está orientada correctamente hacia el socialismo o no. Para lo cual, primero habrá que saber qué significa socialismo. Desde el punto de vista de la teoría marxista clásica, el socialismo es un modo de producción que requiere para constituirse un elevado desarrollo de las fuerzas productivas. Esto es lo que está haciendo la República Popular China de nuestros días, así que por este lado podemos estar tranquilos.

Claro que hemos de entender el socialismo de un modo más estricto en sentido igualitario, como modo de producción donde desaparecen las clases sociales, tanto como sistema que proporciona mayor libertad social e individual, y sin olvidar la necesaria fraternidad entre todos los seres humanos; entonces los datos que nos ofrece la sociedad china pueden generar más dudas. La sociedad china contiene en su seno profundos desequilibrios económicos entre los poderosos miembros del partido, muchos de ellos grandes empresarios al mismo tiempo, y los desposeídos trabajadores de a pie.

Por otro lado, la dificultad para evaluar el desarrollo chino estriba en que los datos que nos llegan son confusos; lo que se debe a que el debate está muy politizado, y también a que se trata de una cultura completamente diferente y ajena a nuestros parámetros culturales de carácter liberal. Esas confusiones son causa de los obstáculos que encuentra la opinión occidental para tener una opinión equilibrada sobre China, teniendo en cuenta además que el avance hacia el socialismo ha sido rechazado por las poblaciones del mundo desarrollado.

Hay quien afirma que el 75% de la producción económica china es privada. Otros dan como válida la cifra de entre un 35-50% de producción pública en la economía china. Finalmente resulta que la mayoría de las gigantescas empresas chinas con estatales, y la mayor empresa privada, Huawey, se encuentra relegada al puesto 39. Las empresas estatales detentan determinados monopolios que les permiten obtener grandes beneficios. Éstos se reinvierten en el crecimiento económico en parte, una importante cantidad se desvía hacia la corrupción, y entre un 5-15% se destina a mejorar el bienestar social.

Lo más interesante es conocer el motivo por el cual el Estado chino permite la empresa privada: siendo empresas mucho más pequeñas, la privada en su conjunto proporciona el 80% de nuevos productos, el 75% de las innovaciones tecnológicas y el 65% de las patentes.[2] La combinación de producción pública e iniciativa privada resulta de ese modo tremendamente eficaz. Por otro lado, la propiedad de la tierra es nominalmente estatal, pero se encuentra arrendada o cedida a campesinos y municipios, de manera que existe un cierto derecho de propiedad particular sobre el territorio.

¿Cómo va intervenir la reforma propuesta en la economía china?

Incrementando la lucha contra la corrupción, lo que permitiría al mismo tiempo aumentar hasta un 30% la tasa de beneficios que en las empresas estatales se dedican al bienestar social.Modernización de los sectores monopólicos, introduciendo márgenes para un sector privatizado que permita la innovación.Redistribución de la riqueza desde la ciudad hacia el campo, otorgando a los campesinos la posibilidad de compra-venta de los derechos de propiedad de la tierra.Al mismo tiempo modifica la política de hijo único, flexibilizando la posibilidad de tener dos hijos, sin temor a que esa medida vaya a disparar el crecimiento de la población.

A tenor de los datos ofrecidos más arriba, ésta parece una buena propuesta para reequilibrar la economía china; al menos en el papel. Veremos si el pueblo puede conseguirlo. La próxima década será decisiva para el desarrollo chino, y despejará las dudas acerca del objetivo fundamental de la humanidad moderna: alcanzar el socialismo superando la sociedad de clases como una fase transitoria y trágica de la historia humana.

[1]Tomo los datos del artículo de la página Zai China que publica la Universidad de Barcelona,http://www.zaichina.net/2013/11/19/las-diez-reformas-mas-importantes-de-xi-jinping/

[2] Mientras que la mayor empresa estatal china, Sinotep, goza de un capital de 1.969 billones de remimbi, la mayor empresa privada, Huawey, dispone tan solo de 185 billones de remimbi, la décima parte, http://www.zaichina.net/2013/06/06/se-atrevera-el-nuevo-gobierno-chino-con-los-monopolios-estatales/